Iglesia y Convento de Capuchinas

  • Descripción
  • ¿Cómo llegar?


Sin lugar a dudas de las ruinas preferidas por los visitantes. Localizadas a escasos metros de la calle de ingreso a la ciudad. El valor de la entrada es de Q5.00 para guatemaltecos, Q15.00 para visitantes centroamericanos y Q40.00 para turistas del resto del mundo.


Muchos guatemaltecos hemos escuchado, posiblemente cuando visitamos de niños estas ruinas, la leyenda terrible de cómo las monjitas eran cruelmente castigadas en celdas, obligándolas a permanecer sentadas hasta por varios días, mientras una gotita de agua caía sobre sus cabezas, y hasta se nos asustaba haciéndonos creer que esas gotitas terminarían por abrir un agujero en sus cráneos. ¡Qué horror¡ Pero son solo historias de abuelita, queriendo asustar a nietos traviesos y desobedientes

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La torre circular que con sus nichos da origen a tan espantosos relatos estaba aún en construcción en 1773, cuando los terremotos de Santa Marta arruinaron por completo Santiago de los Caballeros, así que esta parte del convento jamás llegó a utilizarse y la obra quedó inconclusa. Sin embargo los 14 enormes nichos que circundan el primer nivel de la torre y pueden verse en su lado exterior realmente pueden hacernos volar la imaginación, pero solamente fueron construidos para representar las estaciones del vía crucis.  Subiendo un estrecho graderío de piedra, localizado en el lado interior de la torre, subimos al nivel superior, donde salimos a un pequeño patio rodeado de 18 “celdas” que serían los pequeños cuartos a utilizarse como dormitorios. Estos cuartos tenían un retrete privado cada una, estantes empotrados en las paredes y una pequeña ventana con vista a los jardines.


La parte baja de la torre es también muy interesante, debido a la fantástica construcción de un sótano circular que cuenta con una única pero muy gruesa columna central que soporta todo el peso sobre ella y una ventana enrejada, muy alta en el techo que deja entrar la luz del sol al mismo tiempo que es el único medio de ventilación que el recinto posee. A este sótano se baja por un graderío en forma de túnel, empinado, encalado en blanco, lindísimo. La habitación fue utilizada posiblemente como alacena (si es que llegó a usarse, puesto que es parte de la torre inconclusa), ya que la temperatura en ella es estable y la humedad poca. El eco producido por su forma circular es estremecedor.


La construcción de este complejo duró tan solo cinco años, de 1731 a 1736. No es tan grande en comparación a otros de esta ciudad, pero es hermoso, está conservado en muy buen estado y los jardines bien cuidados y llenos de flores y árboles. La fuente que adorna el patio interior, fue instalada mucho tiempo después, durante la restauración del convento y no se sabe su procedencia. El piso del mismo patio tampoco es el original, el cual  se encuentra como 80 cm. por debajo del actual y era empedrado. Las baldosas de los corredores también son relativamente nuevas y la iglesia ha sido techada con lonas blancas, para preservar mejor su interior.


Bajando gradas en una de las alas, llegamos a una capilla mortuoria donde eran veladas las novicias y monjas que aquí morían y en la muro a su izquierda se encuentran los sepulcros, justo bajo el salón que ahora ocupa la biblioteca del CNPAG, Consejo Nacional para la Protección de la Antigua Guatemala. En el segundo nivel, donde algún día estuvieron ubicados los dormitorios se encuentran varias oficinas del mismo Consejo y una sección alberga el Museo de Capuchinas. Desde uno de estos corredores puede accederse al coro alto de la iglesia, al igual que lo hicieran en tiempo de la colonia las novicias que entraban a cantar y participar de las misas sin poder ser vistas por nadie, ya que el barandal estaba cerrado con una celosía de madera.


La construcción de estos edificios fue encomendada al arquitecto Mayor de la Ciudad, Diego de Porres, quien personalmente hizo el diseño y supervisó su edificación. Los acabados y decoración de la fachada de la iglesia fueron hechos exclusivamente en piedra. Algunas tallas aún se encuentran en exposición en los corredores internos, pero los nichos de la iglesia permanecen vacíos de imágenes. Mobiliario, retablos, imágenes y todo artículo de valor de su decoración fueron trasladados al nuevo convento en el Valle de La Ermita cuando se ordenó abandonar la ciudad en 1774. El convento pertenecía a la Orden de Clarisas Capuchinas, originarias de Italia; 5 monjas fueron las primeras de éstas en Santiago y nunca fueron más de 28 las inquilinas del convento. Eran monjas de clausura, que seguían principios de pobreza, penitencia y ayuno, vivían de la limosna de los vecinos y no tenían contacto con el exterior, usaban una pequeña ventana “tapada” con un platón giratorio con divisiones de madera, similar a las puertas giratorias, que impedía ser vistas por los visitantes, mientras se pasaban por ella alimentos y otros artículos para ser usados dentro de sus austeras vidas de contemplación.       Contribución: Patinández.
 

Dirección: 2 avenida Norte y 2 calle Oriente
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